15.5.19

El único fruto del amor


En una preciosa terraza gallega de suelo granítico, la madre elevaba el tono de la discusión sobre la educación de su hijo.
–No puedes andar todo el día con el móvil por ahí, te va a freír el cerebro –dijo ella entre caladas nerviosas.
–Pero mamá, todo el mundo lo hace –le replicó él, aún con la boca medio llena del plátano de la merienda.
–Ni mundo ni munda. Que luego nos vienen los cánceres.

Este microrrelato participa en la iniciativa Café Hypatia, dejando de deberes para el lector encontrar los tres elementos radiactivos ocultos en él.

29.4.19

Dragón infinito


El orbe reluce elevándose en el centro de la oscura sala. En su interior se adivina la forma de lo que has venido a robar. El menor instante de duda, el más mínimo paso en falso, y te verás condenado a un abismo eterno.

La fantástica joya no será siquiera para ti; te tienen atrapado en esa misión suicida aprovechándose de tus habilidades en el hurto con sigilo. En la estepa, tu mandador retiene a lo más querido por ti, y de tu éxito dependen sus vidas. Tu fracaso será el suyo.

No puedes creer que hayas vuelto a caer en la misma trampa de nuevo, aquella de la que tanto te había costado salir la última vez. O de la que creías haber salido. En un constante retorno de los acontecimientos, descubres con un punto de ironía la rima de tu destino, que casi puedes escuchar en boca de algún trovador borracho en la taberna.

Eso si es que alguien acaso recuerda tu nombre más allá de hoy. El dragón infinito, el Wyrm que engulle su propia cola, sigue y seguirá por siempre girando y girando dentro del orbe. Notas cómo todos tus músculos se tensan. Tus pupilas se dilatan. Tu corazón te marcará el ritmo. Cinco, cuatro, tres, dos, uno. Saltas con todo.


Este relato participa en la iniciativa Divagacionistas.