15.10.22

Sonidos y silencios

Áxel Rose se desgañitaba en RockFM cuando su Sweet Child O' Mine se quedó súbitamente enmudecido, reemplazado por un crepitar que ya no era el clásico ruido blanco, pero tampoco el silencio absoluto. Todo dentro de lo esperable al entrar en el túnel de la M-30.

Otro sweet child o' mine sonó desde el asiento trasero:

—Papá, ¿por qué se ha callado la radio?
—Porque estamos en un túnel y aquí no le llega la señal a la radio. Esto no es como el CD de casa, que tiene la música dentro y la hace sonar; hay un lugar desde donde sí tienen el CD o la canción en un ordenador, y la transmiten mediante luz a todo el mundo, parecido a cuando jugamos con la linterna. Es una luz un poco distinta a que vemos, que, por cierto, no vemos todos los tipos de luz que hay, y de hecho apenas vemos una pequeñita parte de los que hay. Es distinta porque la luz visible se tapa con cualquier cosa opaca y ya no la ves, pero esta consigue atravesar las cosas unos metros. Por eso la podemos oír en la radio de dentro de casa. Pero, aquí dentro del túnel, tan profundo, esa luz ya no llega, estamos a la sombra para esa señal. ¿Lo has entendido, peque?
—Qué luces tan bonitas tiene el túnel.
—En fin...


Este microrrelato participa en la iniciativa Café Hypatia.

15.9.22

De Dioses y Monstruos

Cerca de donde el Dios del Sol brillaba en su carro, se podían ver correteando cerca de él al veloz Mensajero de los Dioses, la bellísima Diosa del Amor, la Diosa de la Tierra y el terrible Dios de la Guerra. El Dios de Dioses andaba algo más lejos, seguido de su padre, y más allá el Dios del Cielo, el de las Aguas y el del Inframundo (que, pese a ser un Dios, parecía ser algo más bajito que el resto).

Se dice que fue la Diosa de la Tierra quien engendró al Universo entero, pero probablemente sean habladurías debidas a que es tremendamente fértil, sin parangón alguno entre los demás de la lista. Al menos, que sus hijos los humanos hayamos sabido, claro.  Aunque, para ser sus hijos, menudos disgustos le vamos dando. Quizá algún día encontremos nuevos hijos de los Dioses en otros lugares, pero, a este paso, parece que podemos terminar antes nuestra historia como en la más agorera de las tragedias griegas.

Este microrrelato participa en la iniciativa Café Hypatia.