De Tierra para adentro, su «respiración» de hielo y verde durante sus estaciones. Los vuelos intuitivos a lugares más cálidos. El sol saliendo y poniéndose por el horizonte por la rotación terrestre, y otro tanto con la Luna. Las crecidas de mareas y ríos. El latido de un corazón cualquiera. Un grillo rascando sus patas contra su abdomen.
De Tierra para afuera, los planetas girando alrededor del sol, con relaciones síncronas entre ellos por acoples gravitatorios, los púlsares iluminando con sus faros la noche eterna. También la vibración de los átomos. Los tiempos de desintegración.
El metrónomo polirrítmico ya no de la Vida sino de la Existencia misma está continuamente tocando una batucada, de los clics más sutiles a los bombazos capaces de distorsionar el espaciotiempo. De la frecuencia de la primera Onda que describía todo el Cosmos al perpetuo rallentando final con cuya coda concluirá todo algún día.
Este microrrelato participa de la iniciativa Café Hypatia.